Tiene un viejo castillo por peineta,
el cielo azul, prendido por mantilla
y por traje andaluz, la maravilla
de la Villa, tan blanca, dulce y quieta.
Es el campo tostado en el estío,
su lindo rostro de color moreno;
sus pies son la Ribera; de amor lleno
los besa sin cesar su novio, el río.
Y la ciudad gentil, casta y rendida,
fiel al amor que es vida de su vida,
se entrega entera al noble Guadiana;
y en la pupila azul de su corriente,
queda extasiada, muda e indolente,
y le ofrenda su cuerpo de sultana.
José Jiménez Barberi
